De la Marquesa Jústiz de Santa Ana muy poco se sabe: que se casó con un primo marqués, que entendía el sufrimiento de los esclavos y procuraba encontrarle alivio en la educación. Su recuerdo se apoya en ese extremoso poema que tituló “Dolorosa métrica espreción del sitio, entrega de la Havana, dirigida a N.C. Monarca el señor Don Carlos Tercero” [sic]. Esta obra no suscitaría una atención peculiar desde el punto de vista estético, como no fuese por la apreciación del tono indócil conque la autora elogia al llamado “paisanaje”, término que debía haber tenido en aquel entonces un fuerte gravamen peyorativo, y que la Marquesa Jústiz de Santa Ana se atrevió a revalidar en el poema (al aludir con ese apelativo a las fuerzas no militares que se opusieron a la invasión inglesa) bajo un signo distinto: el del coraje y la dignidad.
Composición muy extensa, estructurada en veinticuatro estrofas de diez versos (la décima, que después llegaría a convertirse en la forma poética más popular en Cuba), se inicia con una apología de La Habana, sin que faltara tampoco esa primicial queja, tan consustancial al carácter del habanero que -in aeternum- ama y llora por su ciudad:
O Havana noble ciudad,
emporio de distinción,
centro de la Religión,
y cifra de la Lealtad.
¿Qué causa qué novedad
oy oscurece tu gloria?
¿ triste amarga memoria
al papel te he de exponer
si el bronce puede romper
lo funesto de tu historia.
¿Tu Havana capitulada?
¿tú en llanto? ¿tú en exterminio?
¿tú ya en extraño dominio?
¿Qué dolor! ¿O Patria amada!
Por no verte enagenada
¿cuántos se sacrificaron?
y cuantos más embidiaron
tan feliz honrosa suerte,
de que con sangre en la muerte
tus exequias rubricaron?
Por ti el Paysanage atento
como logró en tu región
la primer respiración,
diera hasta el último aliento.
Si al Morro con tal contento
caminaría perecer
sin poderse defender,
cuanto mas a la Cavaña,
cuerpo a cuerpo, y en campaña
donde podían vencer?
[..........................................]
El Británico vigor,
no pudo, no contrastar;
las armas hizo entregar
legítimo superior:
¡O peligros del honor
expuesto a un fragil baibén!
mas de invadir todos ven
que se negó la licencia;
si es delito la obediencia,
que otras Leyes se nos den.
[...........................................] [1]
Valga como ejemplo de expresión iniciática del sentido de cubanidad, de conciencia de esa “patria amada” tan tempranamente así llamada por la poetisa; mas también como testimonio de aquellas mujeres que colaboraron a la sombra de la Marquesa, en la denuncia y en la redacción del memorial, “atribución indebida” de esas damas que sacaron la cara por su ciudad en una circunstancia donde la mayoría de los hombres eligió callar; y apréciese, sobre todo, por ese verso reclamador, OTRAS LEYES SE NOS DEN, anticipatorio no sólo de la exigencia de vindicaciones para la mujer, sino también de anhelos más universales de justicia.
[1] “Dolorosa métrica espreción del sitio, y entrega de la Havana, dirigida a N.C. Monarca el señor Don Carlos Tercero” [sic], Marquesa Jústiz de Santa Ana, fragmento tomado de la Antología de la Poesía Cubana, selección y prólogo de José Lezama Lima, Editora del Consejo Nacional de Cultura, La Habana, 1965. pags 156-158.

¡Que vivan la poesía, las poetisas, y las cubanas!