MIRTA YÁÑEZ: DISCURSO PARA LA RECEPCIÓN DEL PREMIO NACIONAL DE LITERATURA 2019

La autora, en Cojímar

Siempre que me preguntan sobre el oficio del escritor y la escritora, acudo a una definición atribuida a los franceses hermanos Goncourt: “facilidad innata y dificultad adquirida”. A lo que yo añado dos premisas: el dominio de la lengua y la conciencia de pertenecer a una cultura determinada.

Yo también he tenido otras divisas como persona y como escritora, y una de estas ha sido un hermoso y lúcido verso de la poesía lírica azteca que se preguntaba qué debía dejar uno después de su muerte y contestaba: “Al menos flores al menos cantos.”

Recibir el Premio Nacional de Literatura me ha redondeado los afanes de mi vida literaria. No solo lo agradezco enormemente, sino que estoy conmovida por tantas muestras de afecto. Y lo comparto con todos aquellos, familia, amigos, colegas, que me han ayudado a llegar a este punto.

Deseo aprovechar la ocasión de este acto para rendir sincero homenaje a aquellos ganadores anteriores de la distinción con la que hoy se me honra,  afirmando que el ser merecedora del premio por ellos ya alcanzado prestigia aún más mi propia condición de premiada y el honor de compartir este pase de lista.

Antes de continuar quiero agradecer de manera particular a los jurados, a los amigos como Lázaro García que me han estimulado a no perder las esperanzas y a los editores de mi obra. Y agradecer a mis amistades en el extranjero que han traducido y publicado mi obra: Colette Casado, Irina Bajini, Sara Cooper y Fabio Murrieta.

Como tantas personas me han ido diciendo, siento que al fin he alcanzado algo que hace mucho quería. Lamento que por pasado ese tiempo, no estén a mi lado algunos difuntos que lo hubieran celebrado conmigo como Ezequiel Vieta, mi hermano Albertico Yáñez y Nancy Alonso. Pero el obtenerlo ha sido una emoción y un honor grande. Como ya he repetido, entre las manifestaciones más importantes han estado en las tantas demostraciones de afecto y aprobación que he recibido.

En El periódico, Cataluña: Mirta Yáñez gana el Premio Nacional de Literatura 2018 en Cuba

Si mi padre Alberto Yáñez estuviera vivo, diría que me acaban de dar un equivalente al balón de oro. (¡GOL!) Y yo añadiría también con un toque de humor negro que este premio me ha cambiado hasta mi epitafio que consistía en “Al fin en todas las listas negras”. Ya no.

Cómo y cuándo nació esta vocación mía por las letras

En mis comienzos de escritora, sin lugar a dudas, está en primerísimo lugar la familia. Mi papá periodista, y una madre con una excepcional sensibilidad. Así que creo que hay algo en los genes por ahí. Las motivaciones… bueno, cuando era pequeña quería que los cuentos terminaran como a mí me gustaba y así empecé…

Desde niña, con una familia inclinada a las Letras y un tío abuelo que me enseñaba poemas, siempre tuve la lectura como parte de mi esencia. Escribía cuentecitos. Mi niñez fue común, si se puede llamar común a tener un tío abuelo como el mío, o unos padres como Nena y Alberto. Mi tía Tata me regaló a los seis años Los tres mosqueteros y una lamparita para leer en la cama. Todavía conservo ambos objetos y la costumbre. Mi familia me puso a estudiar piano y baile español, lo típico; pero al mismo tiempo me llevaban a los juegos de la Habana y Almendares, a los palcos reservados para los periodistas de las carreras de autos, a corretear con los futbolistas en el stadium de la Tropical, sin ningún melindre. Mi tío abuelo Félix era el coime de los billares del Centro Asturiano, un ser peculiar, dulce y enamorado. Escribía poemas y se daba tragos con Hemingway en el Floridita. El tío Félix me secundaba en mis fantasías aventureriles, íbamos a pescar a Casablanca con un cordelito y un clavo jorobado, o a cazar leones con una escopetica que disparaba un corcho en los jardines del Capitolio. La escalera de la casa de la abuela era el barranco donde se escondían los eternos enemigos, los indios apaches. El campamento de “los buenos” era detrás del escaparate de mi mamá. Mi mamá Nena tenía una mente muy ágil y una sensibilidad peculiar, mi papá Alberto, periodista y futbolista, un sentido del humor todo el tiempo en acción. Desde siempre que recuerdo, mi casa era un avispero de imaginación. Creo que todo ese caldo de cultivo hizo que mi hermano y yo nos inclináramos a las letras…. tal vez la manera más apacible de canalizar aquellas energías tan locas de mi familia.

Mi primer premio literario me lo dieron en el sexto grado en el Plantel Jovellanos donde yo estudiaba, tenía 10 años y era un concurso sobre la Fundación del Centro Asturiano de la Habana. Me gané una medalla y mi texto, escrito en el aula como un examen, fue publicado en la revista TOPICOS hispano cubanos  en julio de 1959. La primera frase de mi texto era “El triunfo es de los que se sacrifican”.

La filóloga, profesora y escritora cubana Mirta Yáñez recibió el Premio Nacional de Literatura 2018. Foto: Uneac.

No obstante, mi principal giro fue el de la profesión. Desde niña yo quería trabajar en publicidad y ser caricaturista. Combinar la destreza para el trazado de dibujos con la habilidad para escribir. De esta manera, apenas con 12 años participé junto a mi padre como Fundadora del Diario Humorístico Palante donde incluso llegué a publicar algunas caricaturas.

Me incliné a estudiar pintura y de hecho pasé las pruebas para entrar en la Escuela Nacional de Arte. Entonces, a punto ya de hacer mis maletas para becarme en Cubanacán, me avisaron de que había sido seleccionada para una escuela distinta, un bachillerato para adolescentes superdotados, lo que sería el Instituto Preuniversitario Especial Raúl Cepero Bonilla. Una interferencia en mis planes, aunque a mi favor, pues esos tres años en el Cepero Bonilla fueron no sólo felices, sino decisivos en el establecimiento de una ética de exigencia y de rigor. Hubo otros giros más: de una niña mimada y bien educada, me transformé en joven rebelde y medio hippie.

Me inicié en la literatura escribiendo narrativa, cuando era una adolescente. Y lo primero de ficción que publiqué en una revista fue un cuento en la Revista Santiago. Luego estudiaba en la Escuela de Letras y allí por la asignatura de Historia del Arte, Adelaida de Juan nos encomendó la tarea de visitar la parte antigua de la Habana, lo que llamamos “La Habana Vieja”, con sus mansiones de siglos pasados, sus callejuelas, sus iglesias, sus plazas. Mientras descubría una parte de la ciudad que, aunque la había caminado de vez en cuando, no la había visto con los ojos de la admiración artística y para mí fue un deslumbramiento. Tenía veinte años y también descubrí el primer amor. Un día me senté y como en una racha incontenible escribí un manojo de poemas. Esos poemas que cuentan del arrebato por mi ciudad y por el amor formaron el libro LAS VISITAS que fue Premio del concurso universitario “13 de marzo” y mi primer libro publicado. Es además mi libro más querido.

Para mi ese fue durante mucho tiempo el gran premio de mi vida. Me publicaron el libro, que se convirtió en mi texto más estimado. Era un galardón que muchos teníamos en alta estima (Abel Prieto también lo ganó, en narrativa).

En Cubadebate: Mirta Yáñez: Premio Nacional de Literatura 2018

En los años sesenta, éramos fanáticos de aquella película que se llamaba Hiroshima Mon Amour. Lo que más me impresionaba de ese título proyectado sobre la trama era su oculta relación entre el amor y el sufrimiento. Es cuando uno ama tanto a algo o a alguien que le duele. Esa es la Habana mi amor, para mí. Es la sustancia de mis primeros poemas, Las visitas, un recorrido por la Habana Vieja. Es la sustancia de mi primer cuento y que le dio título a una de mis colecciones de narraciones La Habana es una ciudad bien grande, y creo que es la razón de buena parte de mis elecciones en la vida. La Habana es el mar, sus ruinas, sus gentes, la nostalgia concreta de los que no están, mis perros, mi patio de Cojímar, mi propio “huerto claro donde madura el limonero”, como diría Machado.

Así que dedico parte de emoción al 500 aniversario de la Ciudad de la Habana.

Cojímar tiene lo que más amo de la Habana: el mar… y ese aire que imprime de limpieza de espíritu, de aventura no culminada, de serenidad y también de furia cuando viene a cuento. Es, como hubiera dicho Hemingway, trasladando el set: “un lugar limpio y bien alumbrado”. Para vivir, para escribir, y para morir, también cuando venga a cuento.

Como ya he dicho en otras ocasiones, entre los escritores del exterior como influencia después de su lectura, empezaría por Salinger; después Carson McCullers, y Hemingway. También Marguerite Yourcenar y Juan Rulfo. Y entre los escritores cercanos que me han apoyado en mi elección de convertirme en escritora me siento agradecida a Ezequiel Vieta, (que me llevaba recio en el ejercicio de escribir, pero sin desalentarme, todo lo contrario), a mis profesores Roberto Fernández Retamar, César López, Jaime Sarusky y Juan Arcocha. Amigos como Pepe Triana. Y también a mis profesores de literatura tanto en el Instituto Cepero Bonilla como en la Escuela de Letras, como Nuria Nuiry, Camila Henríquez Ureña, Juanita Conejero, Lucía Sardiñas y Mirta Aguirre. La literatura se volvió la inquietud más seria de mi vida. Leer y escribir son las almas de mi existencia.

Carson McCullers in 1947. Photograph by Henri Cartier-Bresson/Magnum

Los libros extranjeros que entonces se publicaban en Cuba se conseguían por centavos y en Cuba se publicaba muchísimo de lo mejor de la literatura europea, norteamericana y latinoamericana (y de otros lares también, claro). Uno de mis primeros trabajos críticos fue un prólogo sobre Carson McCullers. Leí mucho a Salinger, a Hemingway, la novela realista francesa, a las Marguerite Duras y Yourcenar, a Benito Pérez Galdós que es una estupenda escuela para quien quiera escribir en correcto español y no parezcan como traducciones (algo que ocurría en algunos textos cubanos que han tenido mucho bombo). Por supuesto, también leía y daba clases sobre ellos, desde fechas bien tempranas, a Borges, Rulfo, Cortázar, Fuentes, García Márquez y Vargas Llosa. Algunos me influyeron para bien, como en la concisión. Otros me influyeron para mal y con los que he cometido parricidio en mi disco duro. A Raymond Carver lo descubrí gracias a Alain Sicard, colega y amigo profesor en Poitiers, que vio puntos de contacto y me regaló sus cuentos…¡en francés! 

Y como buena hemingweyana siempre he estado pendiente de lo que se oculta debajo de la punta del iceberg.

Para seguir, insisto en que defiendo el término de poetisa. En el uso correcto de la lengua ese es el término que corresponde. Entiendo las razones de orden histórico y estético que ha provocado que muchas prefieran ser llamadas “poetas”, pero no debemos dejarnos arrebatar por determinaciones de género, el uso de un término en correcto español y además tan bello.

Yo creo muy firmemente en que para escribir en una lengua hay que, ante todo, dominarla. Aunque resulte tedioso, el aprendizaje de los autores españoles del siglo XIX no tiene comparación. El instrumento del escritor es, como el martillo del carpintero, el idioma. Insisto, hay que ser culto y conocedor de la lengua en la cual uno escribe. Es el ABC de la escritura.

Mi intención estética, aunque haya elementos fantásticos, es sobre todo realista. Y con distintos personajes como el de la mujer enloquecida que habla sola en mi novela Sangra por la herida uso exactamente estos componentes: el sueño y el humor. Lo qué siempre se mantiene de una u otra forma en mi obra, es la mezcla del humor con lo trágico, diría que casi es un sello literario mío. En los momentos más trágicos, más horribles de mi vida, no he podido dejar el humor negro, porque si se hiciera un recuento lo primero que yo escribía eran cuentos negros.

Por otra parte, ya como un rasgo de estilo, me gusta que mis personajes hablen desde una autenticidad. La busco, sin que ello implique un naturalismo banal o la aceptación de la grosería para ser realista. Creo que el español del habla no se puede trasferir literal a la literatura como si se puede en otras lenguas. Con el español hay que hacer un cuidadoso trabajo de reelaboración, pero siempre partiendo de lo genuino.

Alpidio Alonso Grau (D), Ministro de Cultura, hace entrega del Premio Nacional de Literatura 2018, a Mirta Gloria Yañez Quiñoa (I), durante la XXVIII Feria Internacional del Libro, en la Fortaleza San Carlos de la Cabaña, en La Habana, Cuba, el 8 de febrero de 2019. ACN FOTO/ Ariel LEY ROYERO/ rrcc

La emoción y la sensibilidad son importantes a la hora de escribir, pero también la cultura y el conocimiento preciso del idioma y lograr que salga de una forma natural. Como decía Bioy Casares, estoy convencida de que «el escritor debe escribir con claridad», a lo que añado austeridad en el estilo, sinceridad en la elección de temas y enfoque, y naturalmente dominio del lenguaje.

La literatura es para mí, en primerísimo lugar, conocimiento. En segundo lugar entretenimiento. La tercera es comunicación. Yo creo que estos son los tres aspectos fundamentales. El escritor tiene que comunicar una emoción y tiene que trasmitir su verdad. Es que para mí la literatura verdadera cumple una función cognoscitiva dentro del entretenimiento y del intercambio con los demás. Y esto vale para todos los géneros que he asumido desde la ficción, el testimonio, el periodismo hasta los guiones.

Ahora quisiera leer una cita del narrador cubano Lisandro Otero en su discurso de aceptación del Premio Nacional en  2003. No se puede decir mejor y más sintético de cómo él lo dijo:

                       “A veces fui catalogado como conflictivo y polémico por mantener ciertas pautas divergentes, pero sostuve mis discrepancias sin ceder jamás en los principios. Los disentimientos nunca fueron de fondo. No he sido un conformista sumiso ni un resignado sin criterio y a ello debo no pocos tropiezos. Me considero intransigente y por ello mismo, revolucionario.”

La lengua dura de la escritora norteamericana Djuna Barnes advertía que había que “huir del veredicto de lo vulgar”. Pero yo no huyo….presento pelea. Efectivamente, aunque no lo disfruto, no me puedo morder la lengua —como me recomendaba mi sabia mamá— ante la vulgaridad, la corrupción, la mediocridad, la injusticia. Supongo que la fama de buscapleitos me la hayan endilgado algunos que no han salido bien parados de una discrepancia conmigo. Y pudiera contar muchas historias.

Desde joven, siempre he pensado que se debe ser consecuente con uno mismo. Una de las palabras claves es compromiso y otra es la honradez al escribir. La literatura no es un sofá cómodo desde donde disponerse a ser testigo de la realidad. Escribo para exorcizarme de verdades insoportables.

Todo lo demás es floritura. La esencia es esa: la igualdad de condiciones, de posibilidades. En el caso de la literatura se trata también de hacer una lectura de  los textos desde una mirada de género. No exclusivista naturalmente. Siempre recalco que todo fundamentalismo es anti intelectual, y que lo principal es el talento, escribir bien. Ser escritora feminista significa para mí el rescate del olvido de la obra de muchas escritoras silenciadas, tomar conciencia ante el hecho creativo, y en definitiva escribir cómo se piensa.

Antes de cerrar estas palabras quiero recordar a mis dos personajes inspiradores en todas las épocas: el Principito y el Zorro. Y la célebre frase de que:

“He aquí mi secreto. Es muy simple: no se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos. (…) Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa”

Y para cerrar voy a leer las últimas líneas de un poema que me regalo el amigo y colega Rolando López del Amo, por haber obtenido el Premio Nacional de Literatura:

Así es como me parece

que se debe reaccionar

al ocupar un lugar

prestigioso y merecido

que triunfa contra el olvido.

Entonces: ¡a trabajar!

MUCHAS GRACIAS


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¿Y si viramos la tortilla? Pensares y prácticas del Feminismo Negro Cuir Cubano — NEGRA CUBANA TENÍA QUE SER

Una perspectiva de la cuiridad en el contexto caribeño Existen formas de resistencia negras no cisheteronormativas al colonialismo, la esclavitud y sus expresiones contemporáneas: genocidio antinegro, brutalidad policial, colorismo, racismo institucional/cultural, gentrificación, misogynoir y transmisogynoir. (King, 2016, Rea, Santos Amancio, 2018). Dichas resistencias disidentes están conectadas con las identidades sexuales y de género de las […]

via ¿Y si viramos la tortilla? Pensares y prácticas del Feminismo Negro Cuir Cubano — NEGRA CUBANA TENÍA QUE SER

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Presentación de mi novela policiaca “El milagro de San Lázaro” en FIU el 8 de Septiembre

If you’re in Florida, go listen to Uva! If not, just buy the book.

Habanera soy

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Memoria del silencio, memorias del exilio desde las dos orillas.

This heartwarming story is also available in bilingual edition through Cubanabooks–print or e-book through Amazon, the Cubanabook website, and bookstores.

Habanero2000

Memoria del silencio
Nuestro primer encuentro fue en el mundo virtual, por estos caminos, sorpresivos e inesperados, de la Internet. Una persona me envío un mensaje por Facebook; Uva de Aragón usó una de tus fotos en un escrito, me envío el link. Contacté a Uva, no para reclamarle. De cierta manera quería darle las gracias por seleccionar mi foto para un escrito, que bien podía hacer mío. A partir de ese instante, quedé atrapado en la magia del buen hacer y sentir de Uva de Aragón, me suscribí a su blog. Sus conocimientos, su forma de expresar sus puntos de vista, convertían cada lectura en una clase magistral. Nunca imaginé que esa clase magistral escaparía un día del mundo virtual, que se haría real e inolvidable. Así una tarde lluviosa de agosto mi amigo Gabriel y yo, llegamos a su casa. Al terminar el encuentro con Uva llevaba en la mente sus…

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Las mujeres han escrito 9 de los 10 libros más vendidos de todos los tiempos

Ahora, si las cubanas llegaran a formar parte de la lista…

Eriginal Books

escritora

Ser mujer en la industria editorial, a menudo sexista, puede ser bastante desalentador, así que es sorprendente descubrir que las mujeres escribieron nueve de los 10 más vendidos de todos los tiempos, según Amazon. El gigante de la venta de libros publicó los primeros 20 libros más vendidos en los últimos 20 años, y las mujeres dominaron  -constituyen casi las tres cuartas partes de la lista general, y ocuparon los primeros 9 lugares. Así que mientras en repetidas ocasiones algunos editores han afirmado que solamente vale la pena leer a autores masculinos   resulta que no solo es una afirmación increíblemente sexista, sino que ni siquiera es cierta.

Los 10 libros más vendidos en Amazon, fragmento de la lsita publicada en Publishers Weekly Los 10 libros más vendidos en Amazon, fragmento de la lsita publicada en Publishers Weekly

En las últimas dos décadas, el libro más comprado en Amazon ha sido Fifty Shades of  Grey. Y aunque puede que no sea el libro más feminista que puedas…

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Help us bring Cuban women’s voices to the United States!!

(back row, left  to right) Uva de Aragón, María Elena Llana, Nancy Alonso, Aida Bahr (front row) Nancy Morejón, Georgina Herrera, Sara E. Cooper, Mirta Yáñez

(back row, left to right) Uva de Aragón, María Elena Llana, Nancy Alonso, Aida Bahr (front row) Nancy Morejón, Georgina Herrera, Sara E. Cooper, Mirta Yáñez

Cubanabooks: Helping Women, Building Bridges

Help us bring Cuban women’s voices to the United States!! DONATE NOW!

When Barack Obama and Raul Castro made simultaneous pledges this January, to renew political ties between the United States and Cuba, the hopes and dreams of many from both countries became a reality.

  • Now more than ever, we need to understand this small island nation only 90 miles from the Florida coast–before it is swallowed by the predicted deluge of US tourists.
  • Now, more than ever, real Cubans want their voices to be heard–before they are drowned out and disappeared by the burgeoning tourist industry.
  • Now, more than ever, Cuban women need our help to become self-supporting–before they are forced into the more lucrative and degrading professions providing access to foreign currency.

Cubanabooks…

…works directly and collaboratively with real Cubans!

…brings you  stories, thoughts and poetry written by Cuban women–in bilingual editions!

builds connections between Cuban women and readers just like you, with video interviews and live events here in the U.S.!

…provides Cuban women with dignified opportunities to grow professionally while supporting themselves and their families!

Support our efforts to build bridges and help Cuban women! Help us bring this year’s invited authors to Chico (and many major cities)– you will love Afro-Cuban poet Georgina Herrera and master of suspense María Elena Llana.

Help us bring out the next round of books, including fantastical short stories by the feisty 81 year-old Esther Díaz Llanillo, critical poetry by the often-censored Zurelys López Amaya, and a novel inspired by the author’s own experiences in mental institution–by Margarita Mateo Palmer.

Our mission can be your legacy–helping women and building bridges at this unique moment of change. Make a donation today!

DONATE NOW!–Donations made now receive a percentage matching grant from Annie B’s Fund Drive.

Website: http://www.csuchico.edu/cubanabooks/

Facebook: http://www.csuchico.edu/cubanabooks/

Contact: Sara Cooper, scooper@csuchico.edu

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Book Review: Ophelias by Aida Bahr

Ophelias cover

Minerva Rising‘s Linsdey Grudnicki has this to say about Aida Bahr’s Ophelias/Ofelias:

Madness comes in many forms.

Ophelias, Aida Bahr’s latest story collection, tactfully touches upon many of them, exploring the mysterious forces that can bring even the strongest human spirit to its knees. Like the book’s muse, the women at the center of Bahr’s tales reach their breaking point and fall into a darkness from which they cannot return.

United in their ambiguity and theme, the eight stories in Ophelias approach the concept of insanity from various points of view and provide brief, poignant glimpses into lives no longer governed by reason. Through a woman waking up in terror of the strange man sleeping in her bed in “Early Morning” and a desperate young mother who has lost control of her child and her memory in “Uncertainties,” Bahr explores the inner workings of minds unhinged by troubling circumstances.  Unable to cope with the realities of their existence, the heroines of Ophelias blindly seek relief, answers, and healing where none can be found and ultimately suffer for it.  Imagination overwhelms logic in “The Tiger’s Eyes” as a college professor finds herself trapped in a walking nightmare of her own creation and a teenager in “Sail Away” throws herself into an unstable dream world of alcohol, drugs, and sex that threatens to overwhelm her. Bahr’s collection also investigates the kinds of secrets that can corrode a person’s sanity and happiness in “Women’s Games” as a wife deals with her own forbidden desires and in “Doors” as a widow copes with the lingering presence of her late husband and the details of his life that were kept from her. Long-held grudges and buried hatred cause madness to spread through generations in “Getaways” as a young girl’s visit with her great-grandmother causes further devastation in a broken family and a daughter turns on her own father when his prejudices drive them both to violence in “Colors.”

Cuba serves as the backdrop for each tale, but Bahr’s use of the Cuban countryside and smaller cities brings the reader into a human landscape far more familiar than the squalid streets and glamorous clubs of Havana. Her women lead lives not so very different from our own, despite the flashes of cultural color that naturally emerge in a recounting of their daily routines, and that is what makes their experiences all the more frightening. Bahr’s writing style evolves with each piece, fluctuating between a matter-of-fact narrator witnessing another’s trials and tribulations and a passionate, meandering prose that follows the lucidity and lunacy of a character’s thoughts. Dick Cluster’s English translation successfully preserves the vagueness and poetic language that the Spanish originals intended.

Through her re-imagined Ophelias, Bahr’s work questions the origins of madness itself. Is it our fears – of failure, of death, of loneliness – that cause irreparable confusion and utter denial of truth? Is it the agony that follows a traumatic experience and our own inability to deal with the aftermath? Or is it something inherent within us, from the very moment of our birth, which requires only an instant – the hand of fate itself – to pull the trigger and set into motion? Bahr’s stories paint the downward spiral to self-destruction with subtle strokes; she suggests the path that each woman has traveled without clearly marking the way or showing the final act of their tragedy.

While readers may experience some confusion at the close of one of Bahr’s tales, I at least was left the impression that such confusion forges a stronger connection between the reader and the madwomen of her stories. After all, Ophelia told Hamlet that she was the “more deceived” by the workings of her heart and mind; the women of Bahr’s stories find themselves repeating her tragedy and are therefore rightly beyond our full comprehension even as they receive our compassion and engage our interest. The last stages of their downfall are richly captured and make Ophelias an intriguing read.

Book Review: Ophelias by Aida Bahr.

Ophelias is now available through Cubanabooks and Amazon. See their website for more information.

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Cubanabooks founder and editor in Chief

Cubanabooks founder and editor in Chief featured in online magazine On Cuba

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Vietnamese delegation highlights develop

Vietnamese delegation highlights development of #Cuban #women http://ow.ly/PivWO http://ow.ly/i/bHg8s

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A translator’s view: Gazing upon the audience

by Jeffrey C. Barnett

As I sit at my outdoor office with a glass of rum and smoldering cigar, I often wonder: are these long battles with words worth it? Will anyone notice that in the end I decided “sultry” was more apt than the bland word “hot”? Will my deliberate artistry go unnoticed? My question deals with this: do readers know, or care, that a translator experiences the same turmoil that the original author likely passed through as she searched for that one precise word?

books and booksLike the author we congratulate ourselves when we come up with a subtle turn of a phrase or alter the syntax to fit just right or, even better, when we devise an appropriate word play. With each page we’re mindful that the translator must cope with controlled intrusion. Yes, we intrude and even invade the original but are careful not to leave footprints behind. Translators wonder and worry about these things but then perhaps all artists spend long, lonely nights pondering a word in a poem or a color on the canvas all the while wondering if someone will notice.

The easiest way to squelch the artistic angst is to spend time with the readers, and during 2014-2015 Uva de Aragon and I were fortunate to have many opportunities to present THE MEMORY OF SILENCE to a wide range of audiences.havana

After the official book launching at the International Book Fair in Miami in November, we attended the Feria Internacional del Libro in Havana. I can’t think of another book that has ever been launched simultaneously on both sides of the Straits, especially one that has received such an equal amount of praise from both sets of readers. Later in the spring we presented readings to other commercial audiences at Books and Books in Miami and Leisure World in Silver Spring, Maryland. For the most part however our presentations were held in academic circles, including students and colleagues at Florida International University (Miami), Washington and Lee University (Lexington, Va), John Jay College and Baruch College (New York), as well as fellow translators at ALTA–the international conference for translators. And now, finishing up this week at the LASA convention in San Juan, Puerto Rico, I’ve started to reflect on all the great moments I’ve shared with Uva this year and how important they are for a translator.

FullSizeRenderThere’s no substitute for the personal contact afforded by a public reading. In Havana the audience laughed out loud as they fondly remembered Cachuca, a zany TV actress from the 50s. There was also tension–and yet also agreement I think–as we read a harsh passage about Castro. Their faces showed kindness, regret, understanding, all of this and more in such a short time. The reaction in Miami was no less visceral. As we read about the death of an important character, many in the audience began to visibly cry as they remembered their own relatives on the Island that had died without the chance to say good-bye. I must admit, I had wanted some type of feedback but as I heard people cry I could barely get through the passage myself. In Maryland there were warm smiles as Uva’s sister, Lucia, joined us. Together they performed an eloquent and convincing rendition of a climatic dialogue between the two twin sisters. (I also learned that evening that the original 2002 edition had been taken to the U.S. Interests Section in Havana to be read by governmental personnel.) On the college campuses at FIU, W&L, and CUNY, younger readers who hadn’t lived through many of the novel’s seminal moments let us know how much they could identify with what seemingly is a world unknown to them. One let us know he had called his girlfriend abroad in the middle of the night to tell her the novel had made him think of her. Another told us how much she shared Lauri’s pain of leaving home, having done so herself recently. Every venue was another revelation about the readers and how they had connected with the text.   It’s true that THE MEMORY OF SILENCE will speak to Cubans in a singular way as well as any who have experienced exile, but I think Uva and I both learned this year just how broad its scope and appeal are.IMG_0312

So let me go back to my original question: are readers aware of the demons we battle in the translation process. I’m not sure, but I know that the laughter, tears, nods, and smiles I saw in the audience this year led me to think that they experienced that visceral connection that any artist hopes for.   In rural Virginia and New York alike, among Cubans, Cuban-Americans, or readers completely removed from the Cuban question, the tangible contact with the audience did more than fulfill my angst about “is anybody out there?” It confirmed that THE MEMORY OF SILENCE is a universal novel whose appeal, in both languages, far exceeds my late night anxieties.

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