POETISAS SI 5/20

Cierto es que despuPainting of Harbor in Cuba, circa 1800sés del período romántico, mucha de la poesía escrita por autoras femeninas en Cuba —al igual que en otros países de habla hispana— era portadora de un lenguaje caduco, de sentimentalidad petrificada, de quejas casi exclusivamente amorosas, y que no se interesaba en romper con los patrones que seguían definiendo lo “clásico femenino” como lo había entendido un pensamiento de estirpe señorial que aspiraba a reducir la imagen cultural de la mujer a una esclava de la pasión amorosa tradicional, sin derecho alguno a abordar otros temas, ni incluso otros géneros como no fuesen el diario, la epístola y la composición lírica. Lo que no se suele decir es que también abundaban (¡y abundan!) los “poetisos” (me tomo la licencia de usar por última vez el sustantivo con el antiguo signo negativo) que comercializaban un verso facilista y de mala imitación romántica.

Con la instauración del romanticismo en el siglo XIX americano, a la mujer literata no le era nada fácil romper con el anonimato. Para lograrlo debía tomarse licencias que la sociedad estratificada bajo la gobernatura política y económica –y familiar– de los hombres, no estaba dispuesta a otorgarle. La escritora, por la propia esencia polémica y cuestionadora del oficio, y el hecho inevitable de la notoriedad que trae aparejada, casi siempre terminaba por convertirse en piedra de escándalo. En la evolución hacia un estado “democrático” del llamado proyecto liberal, la transgresión entre las esferas de la vida doméstica y la pública era inadmisible. Para llegar a ser una poetisa conocida había que despojarse de aquel “eterno femenino” impuesto por un estado mercantil al que le urgía apropiarse de la fuerza de trabajo de la mujer y convertirla en un objeto más de la propiedad privada, nunca como un sujeto apto para el conocimiento, pensamiento y creación. La decisión de elegir una carrera literaria implicaba, en muchas ocasiones, sacrificios de envergadura como renunciar a la vida en pareja, a los hijos, al hogar (quiero con intención explícita despojar a esta última palabra de la carga ñoña y reponerla en su bella significación de vida en común), aunque esta amputación de un área de la existencia de la mujer despertaba —y a veces sigue “despabilando”— burla, desconfianza o reprobación en lugar de sentimientos de comprensión o respeto, como sí sucedía, y sucede, cuando un hombre renuncia a habituadas satisfacciones por vocación o deber.

Portrait of Carmen Bacallao de Malpica (1883), by Guillermo Collazo, Havana Fine Arts Museum

Portrait of Carmen Bacallao de Malpica (1883), by Guillermo Collazo, Havana Fine Arts Museum

Las peculiaridades del siglo XIX latinoamericano —la evolución social en las condiciones del paso de la dependencia colonial a la independencia política—, propició la sobreimposición de formas económicas multiestructurales que abroquelaron los cimientos de la marginación por razones de sexo —entre otras— y la exasperación, en las costumbres, de los prejuicios. Dentro de ese proyecto, los literatos —¡la bendita inteligencia!— resultaban, cuando menos, sospechosos. ¡Qué pensar entonces de una mujer letrada!

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