La última novela de Mirta Yáñez es una orden: Sangra por la herida (*)

Sangra por la herida/The Bleeding Wound

Cover of the original Spanish Sangra por la herida, now available in a bilingual edition as The Bleeding Wound

Cover of the original Spanish Sangra por la herida, now available in a bilingual edition as The Bleeding Wound

En la novela de Mirta Yáñez, Sangra por la herida, los personajes van apareciendo, de un modo pudiera decirse casi convencional, sin menoscabar el recurso, en la literatura y en el cine, y casi en las telenovelas; no es necesario recordar Rashomon, el filme de Akira Kurosawa de 1950, sobre la novela de Ryünosuke Akutagawa, o Mientras agonizo (As I lay dying) de William Faulkner escrita en 1930, hace casi un siglo, para mencionar dos ejemplos de puntos de vista a partir de una experiencia dada, mediante el discurrir de la memoria y la conciencia. Cada uno tiene una historia que a medida que avanza la trama, se van uniendo en el centro, porque el punto de encuentro es la vida misma de una generación sin importar los estratos sociales de donde proceden. Yáñez trata de que en su novela haya una representación de distintas esferas sociales, e históricamente hablando, toca el tema de la emigración española y la de una región del país a la capital, ambos hechos dramáticos para los que se van de su terruño y para los que llegan al punto de destino donde quieren mantener a toda costa su praxis social a pesar de que esto vaya contra la costumbre del lugar al que arriban. Desde luego, cada cual tiene un fragmento o ve la historia desde sus perspectivas, para ceñirse de un modo directo a las consecuencias de un devenir histórico y social en las que se desenvolvieron las suyas ¿las que les tocó padecer? Es imposible saber ver, sentir, leer un texto sin que se conforme ante nuestros ojos la estructura que la novela va mostrando. Hay que saber olfatear, sin que sea previsible la narración ni la actuación de los personajes, el aire de los caminos por donde transitan, ya como via crucis, que habrán de recorrer, dentro de la ingenuidad más conmovedora, los distintos personajes que se mueven en la trama. No porque ellos sean naives, sino porque creyeron limpiamente en que un futuro luminoso alumbraría la senda por donde guiarían sus pasos como pintores, músicos o escritores. No dudaron, se entregaron sin indagar, sin reservas a tantos trabajos voluntarios, guardias, escuelas militares, disciplina de beca; y esa condición de penetrar en el texto, meterse en la piel de los personajes, incluso en la de aquellos que no nos agradan, para entender la crudeza que, desde el título, nos impone sobre la mesa del editor, la autora.

 

Street scene in Havana, with old cars and deteriorated buildings

Street scene in Havana

Sangra por la herida alude a un verbo en imperativo, orden cruel, si es posible, o a un sujeto omitido que nos lleva a la compasión o a la curiosidad de que alguien requiere asistencia, ayuda urgente porque sangra por la herida, una, asestada de forma alevosa. Ya se va enterando el editor, el lector, que se trata de una injuria en el delicado tejido del espíritu humano, herida difícil de restañar.

 

El centro aglutinador donde se concentra el núcleo principal de los personajes es la querida Escuela de Letras, lugar como tantos otros relacionados con la cultura del país, donde se perpetró también la ignominia que todavía hoy exhibe sus trazas por no decir las huellas que tanto indocto ignorante, de ecuménica intolerancia, infligió sin saberse bien hoy el porqué. No es este el lugar ahora para analizar a quién le molestaba o quién creía que se perdía la identidad del cubano escuchando la música de los Beatles, vistiendo a la moda o usando un pelado determinado. La gran ventaja de haber vivido con la Revolución y junto a ella sus más de cincuenta años es que los hijos de esos opresores o no están en el país o exhiben una superficialidad que desmerece el apelativo de cubanos. Flotan las preguntas en el ambiente: ¿estaban conscientes del daño que causaban?, ¿qué ganaban con eso?, ¿cuál era la procedencia de los que dictaban esas pautas de una moral que no tenía nada que ver con la verdadera moral socialista que se basa en el amor al trabajo?

Esas interrogantes no las enuncia directamente siquiera la novela, porque no es un panfleto. Baste mirar en nuestro entorno para saber que la ley contra la vagancia que se le aplicaba a un estudiante universitario por tener el pelo un poco largo, sigue vigente y no se le aplica a los vagos del barrio, de cualquier barrio de esta ciudad de La Habana ni de ninguna otra del país, hoy cincuenta años después: uno de los misterios insondables de la historia de la nación. Del mismo modo que la vulgaridad, la delincuencia y el ambiente asfixiante que se viven en todas partes y tiene su expresión característica en determinadas zonas de la ciudad, tampoco es analizada por los que teniendo en sus manos los recursos para eliminar o impedir ese deterioro han sido los primeros que han mirado al techo para dejar pasar tanta chusmería, (término neutralizado en la actualidad por cubrir a un amplio registro de “usuarios”), groserías, violencia de todo tipo, con la excusa del bajo nivel cultural de determinados núcleos poblacionales aquí, en el país más culto del mundo. La novela, aunque se ciñe a aquella promoción, la trasciende, hubo otras promociones bajo el mismo acoso también porque la intolerancia está ahí, latente. Y no es posible comprender sin cierto asombro que el personaje de Gertrudis, desde el buen uso que hace de esa mejor literatura universal (hay que ser un buen lector para seguir a Gertrudis), defienda su punto de vista genérico y es el dedo acusador que impele a que no se puede olvidar a los muertos, que no se pueden echar a un lado, que hay que contar estas historias.

Por otra parte, no hay afán de venganza en el personaje. Reclama justicia como lo hacen hoy tantas personas en el mundo, las madres de la Plaza de Mayo, los familiares de los desaparecidos en la dictadura chilena, aunque los ejemplos parezcan exagerados en la comparación. Aquí se trata de la muerte moral e incluso la física al no resistir el asedio o el acoso de una falsa acusación. Pero esto cuesta trabajo aceptarlo. Porque el paralelo no es igual, pero los muertos y las almas muertas están gogolianamente presentes. Seguimos mirando para el lado, hacia el techo o viendo el atardecer tomando un trago en un restorán o un bar de moda que ya no tienen nada que ver con los de aquellos años y pertenecen a una firma mixta, quién lo diría, y se disfrutan con extranjeros, quién lo diría. Porque también hubo tiempos donde no se podía tratar a extranjeros, excepto las personas que estaban autorizadas para eso, aunque ni siquiera supieran el idioma de aquellos bárbaros, para emplear el vocablo al modo de los griegos para todo aquel que no hablara su lengua.

Area for children's books at the 2012 Feria Internacional del Libro, La Habana

Area for children’s books at the 2012 Feria Internacional del Libro, La Habana

Es bueno que los tiempos cambien, y cambien para abrir más la Isla y que La Habana sea tan cosmopolita como otrora lo fue. Pero la gente, qué significa la gente. La gente no es una masa de termitas, aunque hay masas que lo parecen en su arrolladora destrucción y voraz deseo de expansión, no son hormigas bravas, no son vermes, no son vómito de beodo, no son orines, desahogo fecal. La gente debe soñar. ¿Mataron, asesinaron esos sueños? ¿Cómo se puede cambiar lo que deba ser cambiado? Es que lo que se ha conseguido con ese aniquilamiento moral es la dispersión de la familia, la disolución del amor entre los padres y los hijos, la desconfianza entre amigos, colegas.

Los personajes de Sangra por la herida desfilan en nuestros propios recuerdos, los volvemos a encontrar porque todos se reúnen por la fuerza centrípeta de la ilusión de aquellos años, que en la distancia seguimos reviviendo con ese agridulce sentimiento de que fuimos honrados y defensores de ideas por las cuales todavía hoy, ya bastante entrados en años, sacar fuerzas, tomárselas a Sísifo y volver a empezar o recordar a la Gelsomina de Fellini. Y que no sea nunca el cuento de La buena pipa.

 

Uno de los aciertos de la novela, es el trabajo con el lenguaje. En especial, cuando se corporeiza por la vía del léxico el personaje de Daontaon, donde es muy probable también que destaque todo un estrato social. Se requiere de un tiempo más detenido para hacer un estudio sobre algunos recursos estilísticos que vienen definiendo el estilo de Mirta Yáñez desde sus primeras obras. No es solo un gran sentido del humor sino cómo queda expresado. Cada personaje está muy bien delineado desde este punto de vista. De modo que la novela se desliza entre el dolor y la sonrisa, dejando un sabor un tanto agridulce en el lector que ya no tan joven, revive aquellos años. Pero Sangra por la herida no está concebida para llevarnos a décadas pretéritas. Está enfocada hacia el futuro.

 

Mirta Yáñez aboga, pues, porque no quede abolido u olvidado el pasado en el hoy, en el presente. No es un Yo acuso al estilo de Zola, es un alerta a los sobrevivientes de aquel ayer que resisten hoy y sin dejarse doblegar siguen en pie (la muerte es la única que les hace doblar la rodilla, que los acalla). Los que tienen sus malas conciencias continúan viviendo sin remordimientos y aquí está la clave de la novela, porque si se diesen las mismas condiciones volverían a hacer lo mismo. Es aquí donde la novela funciona como un ¡Detente!, pero si bien la literatura no rige la vida, aunque los optimistas pensamos que puede mejorarla, por eso desde ese título imperioso, debemos entender que es no una orden despótica, sino un grito de alerta, en especial, a los lectores jóvenes de hoy que se encuentran abocados a situaciones límite como estuvimos nosotros los de ayer, ya que la historia de nuestra nación va de un extremo a otro, y este dolor que aquí se novela, no puede volver a repetirse en ninguna de sus variantes del mal y de la falta de ética que tanto nos degrada en este presente abrumador. Más bien el título indica con fuerza de madre, con la fuerza de una madre, ¡Hazme caso!, una especie de Ve y mira, el filme soviético de Elim Klim, de 1985, es el llamado sin odio, sin rencor, es una especie de emplazamiento para que la historia no sea olvidada ni desconocida.

TERESA BLANCO: Autora de Aquí de pie, Premio Nacional de la Crítica 2013; Editora, linguista, especialista principal del Instituto del Libro  Premio Nacional de Edición.

(*) Sangra por la herida, Mirta Yáñez, Ediciones UNION y Ed. Letras Cubanas, La Habana, 2010, 219 pp.

Cover art is a dark colored abstract of a woman's face, looking despairing, with horizontal streaks of color

Bilingual edition, from Cubanabooks Press

NOW AVAILABLE AS THE BLEEDING WOUND, FROM CUBANABOOKS PRESS.

About cubanabooks

Cubanabooks is a small independent press devoted to bringing first-class literature from Cuban women to a United States audience as well as to a global English and Spanish-speaking public. Publishing select literary gems in English or in bilingual English/Spanish volumes, Cubanabooks aims to correct the current U.S. unavailability of excellent literature from Cubans living in Cuba. At this time we prioritize the dissemination of works by living female writers who reside on the island. The founder and senior editor is Dr. Sara E. Cooper (Ph.D. University of Texas, Austin 1999), Professor of Spanish at California State University, Chico.
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